Syriza a las puertas

Autor: Spyros Dapergolas

Traducción: Azucena García. Corrección final. Editorial Klinamen

 El 18 de octubre de 1981 fue un día simbólico en la Grecia de la posguerra. No habían pasado ni 7 años desde el regreso de los izquierdistas griegos del exilio y las torturas que siguieron a la caída de la junta militar, cuando un partido de izquierda logró de repente, después de participar en tres elecciones, multiplicar su porcentaje y tomar el poder. Su programa político horrorizó tanto a las fuerzas derechistas de la sociedad griega (los ganadores de la guerra civil) como a parte de la clase alta. El programa incluía la salida de Grecia de la Comunidad Europea, su retirada de la esfera de influencia de Estados Unidos y la OTAN, una nacionalización masiva de empresas y control social en las fábricas, la disolución/desintegración del estado paramilitar, un ataque a la iglesia/cáncer ortodoxa de extrema derecha, libertades que hoy en día son obvias, etc. El Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK) era un verdadero partido de izquierda que propagaba una transformación socialista pacífica (con armas a su disposición si fueran necesarias). Era un partido radical incluso para la década de los ochenta.

Los paralelismos con Syriza son evidentes.

¿Qué es Syriza? 

Syriza comienza como una agrupación peculiar. Es la evolución de una corriente histórica de eurocomunistas, reformista y detestablemente vulgar, en la que coexisten grupos izquierdistas que cubren todo el espectro desde leninistas herejes hasta movimientos de base y otros activistas. Syriza, igual que el PASOK, «se convierte en todo a partir de la nada». Pero, comparada con el PASOK, Syriza se transforma más rápidamente, su programa político no está ni siquiera cerca de las ideas radicales del PASOK de los años ochenta, y se compone  solo de algunos miles de miembros.

En el año 2008, el ascenso de Tsipras al liderazgo de Syriza –como el elegido por el anterior líder del partido– significó el abandono del eurocomunismo y la creación de una nueva identidad política. Esta nueva identidad pretendía apoyar las luchas y demandas sociales a través de una retórica que coqueteaba con la tradición libertaria, una obsesión con los derechos políticos y una presencia militante en las calles. Después de todo, los partidos de izquierda trajeron consigo esa experiencia en las luchas callejeras, junto con un número bastante reducido de miembros militantes que la mencionada nueva identidad política necesitaba para que se estableciera algún tipo de unidad.

Al mismo tiempo, Tsipras intentó reforzar la influencia de Syriza dentro de los sindicatos, principalmente en el sector público, así como entre los estudiantes universitarios organizados.

Adicionalmente, Syriza, que en aquel entonces no superaba el 4% de los votantes, buscaba continuamente la unidad de todo el espectro de izquierda en Grecia, en términos generales y emocionales, a pesar de haber sido abiertamente rechazada tanto por el Partido Comunista Griego (KKE) como por las demás fuerzas izquierdistas, es decir, las que se encontraban fuera de Syriza.

Además, ese 4% de Syriza era el chivo expiatorio de todas las fuerzas fascistas y de extrema derecha: las posiciones de Syriza a favor de la inmigración, sus ideas laicas, sus polémicas contra las discriminaciones sociales y su antinacionalismo se encontraban bajo un ataque constante,  y a veces incluso histérico.

Esta vieja Syriza atrajo una enorme dinámica de votos que sus ejecutivos políticos jamás hubieran podido predecir o planificar. De ser un partido de oposición que luchaba por superar la barrera del 3% para entrar en el Parlamento, Syriza pasó a superar los porcentajes del KKE y asumir la hegemonía simbólica dentro de la izquierda, coqueteando con la toma del poder.

Algunas palabras sobre el clima político

En Grecia, los trabajadores han vivido el final del sueño de la prosperidad y han presenciado la mentira que yacía tras las promesas hechas tanto por la UE como por la propia Grecia. Se encuentran desempleados, o con salarios más bajos, teniendo que pagar por sus medicamentos y perdiendo prestaciones.

Para los ancianos la situación es aún peor, ya que no sólo han perdido sus pensiones, también soportan un sistema sanitario degradado. Todo lo que constituía el «estado de bienestar» se ha reducido, convertido en más caro y peor. La corrupción general se ha dividido. Dentro de este marco, la corrupción que podía encontrarse entre los miembros de la base social se convirtió en la coartada para una reducción masiva de beneficios sociales. Por el contrario, cuando se trataba de corrupción burguesa o estatal, los miembros de las clases altas han permanecido intocables. Los dos grandes partidos parlamentarios (PASOK y Nueva Democracia) se han visto enormemente devaluados. Puesto que ya no pueden «comprar» votos a través de simples «intercambios» (como la contratación de personas en el sector público, reducciones de impuestos y demás) y, al mismo tiempo, intentan recoger cuanto han entregado a través del clientelismo político, no son sino sombras de su pasado.

El derechista Nueva Democracia (ND) logró sobrevivir porque fue lo suficientemente afortunado como para pasar la bomba de la crisis económica al gobierno del PASOK allá por el año 2009. ND ha estado en el gobierno desde 2012, agrupando a una dinámica heterogénea de extrema derecha, conservadores, liberales, burgueses, oligarcas, políticos profesionales, pequeños burgueses asustados y votantes ancianos que consideran que les quedan pocos años de vida como para poner en peligro su paz y sus pensiones con un gobierno izquierdista. Aun así, en este momento solo reúne la mitad de su fuerza parlamentaria previa.

El otro polo del bipartidismo y miembro de la coalición gubernamental, PASOK, se ha hundido a un 4%, enfrentándose al riesgo de no entrar en el próximo Parlamento, especialmente después de su desintegración hace un par de semanas.[1]

Los dos partidos que se van a beneficiar de esos votantes que han decidido no votar más a ND y al PASOK son los fascistas de Amanecer Dorado y Syriza. En pocos días, el 25 de enero, estas dinámicas se verán representadas en los resultados electorales.

Syriza está a las puertas

El relato de la realpolitik que crea toda fuerza radical cada vez que se enfrenta al poder  ya se ha contado muchas veces. Syriza aún no está en ese punto. Su realpolitik actual es complacer a todo el mundo. Propaga su dedicación a las instituciones democráticas al mismo tiempo que promueve sus relaciones con los movimientos de base. Apoya sin reservas el escenario de que Grecia permanezca en la UE, solo si éeta se convierte en una UE de igualdad, fraternidad y justicia. Elogia las luchas populares, pero quiere ver sus dinámicas reflejadas en el número de votantes. Condena la violencia y las rupturas con el sistema legal en los distintos tipos de lucha, pero lo hace con guantes de seda. Condena el imperialismo, y todo tipo de intervenciones, mientras permanece en silencio sobre la posición de Grecia en la OTAN. Coquetea con Rusia, China y los Estados Unidos… Propaga rumores de que ha llegado a acuerdos con parte de las clases altas. Al mismo tiempo, apoya a anarquistas que hacen huelgas de hambre y a okupas, cuando se enfrentan a la represión.

La preocupación principal de Syriza es mantener a todo el mundo satisfecho. ¿Qué otra cosa podría hacer si su único interés es ganar las elecciones?

Necesitamos mantener una cosa en mente: cuando hablamos de Syriza nos referimos a una fuerza política en la que las dinámicas electorales y sociales no coinciden. Quienquiera que crea, ya sea en Grecia o en Europa, que Syriza va a introducir importantes cambios sociales le está pidiendo peras al olmo.

Las condiciones necesarias para permitir radicalismos simplemente no existen: el sindicalismo dentro del sector privado es un movimiento marginal controlado por los estalinistas del KKE (Partido Comunista Griego). El movimiento estudiantil es ruidoso y decidido pero pequeño, estacional y vinculado al izquierdismo. Hay algunas luchas locales, pero ahí Syriza se ve seriamente desafiada por los anarquistas y la izquierda revolucionaria. Incluso en cuestiones de derechos sociales, solidaridad con los presos y antifascismo, Syriza intenta desesperadamente compartir un poco de la publicidad y el capital político que han generado los anarquistas en las calles.

La sociedad griega, los trabajadores, la base social, han pasado por cinco duros años en los que han probado todas las formas de lucha correspondientes a concepciones previas sobre los conflictos sociales y las formas de lucha. Y ha sido un fracaso total. Con pocas excepciones que permanecen activas (y estos difícilmente apoyarán a Syriza en las elecciones), los trabajadores están aislados en sus casas. Muchos de ellos esperando a Syriza con una débil esperanza.

¿Es posible, en este entorno globalizado, producir grandes rupturas sin un apoyo general social o de clase? ¿Son posibles los cambios para las masas, pero sin las masas? En absoluto, y los que están activos dentro de Syriza lo saben muy bien.

Sin duda, hay ejecutivos honestos en el partido (y para las costumbres sistémicas griegas esto es raro). Hay experimentados militantes de izquierda que jamás se han vendido al PASOK, incluso aunque pudieron, radicales de los barrios y entornos de trabajo, activistas de buena voluntad. Estas personas luchan y lucharán dentro del partido por la eterna ilusión de la izquierda: un estado-guardián de la clase trabajadora, libre y socialista.

Por supuesto, es divertido ver el disgusto imprevisto en las caras de la extrema derecha ante la próxima «victoria de los bolcheviques nacional-nihilistas». Y es positivo que más personas se opongan a la agenda represiva del fascismo.

Sin embargo, todo esto es temporal.

Una parte de los antiguos «barones» del PASOK ya se han pasado a Syriza y, junto con el resto de la corriente eurocomunista, ganan poder dentro del partido, pues cuanto más se acerca este al poder/autoridad, menos espacio queda para «izquierdistas locos». Es indicativo de esta tendencia el hecho de que reincidan en su determinación con respecto al conflicto inminente con  Alemania y la Unión Europea sobre la deuda griega y las medidas de austeridad.

Además, tenemos que considerar que Syriza tendrá que gobernar en un estado donde el mecanismo burocrático está formado por antiguos miembros del PASOK, y el mecanismo represivo, es decir, el estado profundo (ejército, policía y sistema judicial) se compone de la extrema derecha y los fascistas. Si damos por sentado que Syriza no intentará establecer una junta, ¿cómo controlará el estado si no es a través de intercambios y negociaciones con estos actores?

La vieja Syriza radical del 4% todavía sueña con derrocamientos. Quisieron, ¡pero no pudieron!

Los acuerdos son la única opción que le queda a Syriza. Es el único fin que puede tener el camino gubernamental para un partido de izquierda que no aspira a ascender al poder mediante la violencia, por no hablar de un partido que no tiene siquiera masas organizadas de votantes leales.

La Syriza gubernamental del 30% sueña con sobrevivir en el poder. No solo no pueden, sino que, lo que es aún peor, ya ni siquiera aspiran a un derrocamiento.

¿Qué va a pasar después de las elecciones?

Los dos primeros años después de 1981, un PASOK compuesto por al menos 400 000 miembros que promovían la línea del partido, realizó algunas partes de su programa. Elevaron los salarios, establecieron derechos sindicales y socializaron (hipócritamente y de arriba abajo) algunas empresas que estaban a punto de cerrar. Después de 5 años en el poder, el PASOK se centró únicamente en contratar masivamente a izquierdistas en el sector público, que habían sido vetados durante 40 años, y en cancelar leyes, normas y prohibiciones de la Edad Media y la guerra civil. El siguiente paso fue convertirse en socialdemócrata y, luego, en liberal. Se zambulló en la corrupción y finalmente, hace algunos años, abrió la puerta a la supervisión económica de la UE e impuso la austeridad en Grecia.

Hay una posibilidad de que Syriza repita este tipo de evolución política, pero mucho más rápido y a una escala no tan grande.

Una posible negociación exitosa sobre la deuda, un alivio esencial de la austeridad y cualquier cosa positiva que Tsipras pueda garantizar a la sociedad griega, se presentará como una victoria contra los despiadados prestamistas internacionales, fortalecerá a Syriza en el poder y eliminará al viejo personal político.

Si uno no tuviera que padecerlos, sería divertido observar ahora a ese viejo personal político: tienen miedo, son parásitos y corruptos, están obsesionados con la religión y con complejos de la guerra civil, una combinación asombrosa de nacionalistas y traidores. Si el contraste entre el actual gobierno y Syriza es enorme, es porque este gobierno es repulsivo.

Por lo tanto, Syriza ganará las elecciones a pesar de ser obviamente poco claros. Si Syriza tiene éxito con cualquier cosa, por pequeña que sea, políticamente durará mucho tiempo. Si fracasa, es decir, si Alemania, desde su posición de mando en la UE, busca romper con Grecia, el desarrollo de los acontecimientos sin duda será totalmente impredecible.

No hay nada que pueda indicar cuál será la reacción de la sociedad griega en un escenario como ese. Ni siquiera si la sociedad tomara una dirección emancipadora o reaccionaria.

¿Qué puede ocurrir?

Si la cuestión es una buena gestión de la crisis de deuda griega y la locura de la austeridad, entonces sí, Syriza es una solución. Esa sería una solución progresivamente sistémica y reconfortante para la «clase media» venida a menos, y para los sectores pequeñoburgueses de la sociedad griega que tienen la ilusión de que todo esto sea temporal.

Para quienes quieren más, para quienes están interesados en su clase, para quienes la autoorganización y la participación es una reivindicación, para la gente implicada en todo tipo de luchas sociales, Syriza constituye una ilusión. No es culpa de Syriza que la sociedad explotada esté callada. Y no es culpa de Syriza si la nueva generación se traga el cuento del parlamentarismo y las tonterías del gobierno de la izquierda.

Es un largo camino y requiere mucho trabajo a nivel de base: participación de los trabajadores en lo común a través de un nuevo sindicalismo militante y horizontal, a través de la autoorganización en los barrios y compromiso político con las ideas  y prácticas libertarias/anarquistas.

En Grecia, esas pocas fuerzas involucradas con el sindicalismo de clase, los movimientos sociales locales y el movimiento anarquista constituyen un capital político subversivo, que es pequeño, pero no tanto.

El cambio social no permite cauces indirectos y el camino del poder es el callejón sin salida definitivo. Puede parecer que hay tiempo, pero también podría no ser así: los momentos de crisis, los momentos en los que los oídos de los trabajadores están abiertos, los momentos que exigen tomar riesgos no solo aparecen a través de una preparación consciente, a menudo, también «durante la noche, como ladrones». En cualquier caso, solamente si un movimiento social se dedica al trabajo de base, solamente si un movimiento social ha creado canales de comunicación y fermentación política, solamente si un movimiento social ha asegurado su validez y ha demostrado su consistencia, podrá convertirse en la chispa que permita a las masas explotar.

Todo lo demás es una receta para el fracaso, la decepción, la pérdida de tiempo y, por supuesto, la corrupción política e individual, es decir, lo que siempre crean el poder y  el estado.

Como ya ocurrió con el PASOK, una vez más con Syriza…

Aparecido originalmente (en inglés) el 24 de enero de 2015 en Internationell Solidaritet

 

[1] Papandreou, antiguo primer ministro y líder del PASOK, ha fundado un nuevo partido. (Nota de los traductores al inglés)

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